Feria del Libro de Valladolid > Noticia Principal > Rubén Abella acerca la lupa a las grietas de personas imperfectas en ‘Un día de fiebre’
Un terremoto apenas dura unos segundos. Una grieta, en cambio, puede acompañar una vida entera. Sobre esa tensión entre la sacudida visible y las fracturas interiores ha hablado el escritor vallisoletano Rubén Abella, Premio de la Crítica de Castilla y León (2024) en el marco de la 59ª Feria del Libro de Valladolid.
Su séptima novela, Un día de fiebre, parte del terremoto que sacudió Madrid en febrero de 2015. Un episodio real, breve y sin consecuencias catastróficas, que en manos de Abella se convierte en detonante narrativo para contar la vida de varios personajes atravesados por heridas íntimas y colectivas -un bombero ahogado por las deudas, una universitaria marcada por una novatada brutal, un juez incapaz de implicarse emocionalmente, un hostelero atormentado por la muerte de su esposa en los atentados de Atocha o una profesora que prepara el cumpleaños de su madre-.
“El lector que abra el libro por primera vez se encontrará personas imperfectas con las que se pueden identificar, gente herida, que tiene grietas, que lucha para salir adelante y para vivir mejor este tiempo cortito que tenemos aquí”, explicó Abella. Y al cerrarlo, espera que “deje eco en el lector”. «Me da pena y rabia los libros que se acaban en la última página», ha señalado. «Yo escribo para conmocionar. Cualquier emoción me parece buena. Mi ambición es no dejar indiferente».
Frente a la literatura de grandes gestas o personajes extraordinarios, Abella defendió una narrativa “de lo micro”, centrada en las pequeñas fracturas de la vida diaria, en “el desayuno de los García”, en la vida de sus vecinos, vistos a través de una lupa de mucho aumento. “Cada vez me interesa menos lo espectacular”, confesó, muy crítico con que la sociedad se haya acostumbrado a tener que ser sacudida para sentir emociones. Yo me muevo en un terreno más silencioso, más discreto, más pegado a lo cotidiano”, significó.
Abella definió además su mirada literaria como “crítica y compasiva” hacia personajes profundamente imperfectos. “Estoy escribiendo sobre gente como yo, como mis vecinos o como cualquiera de nosotros”, afirmó. “La literatura tiene que poner el dedo en la llaga, molestar un poco, pero también entender a los personajes”.
Y, como resultado, dibuja una “sociedad emocionalmente agotada», si bien, lejos de cargar con la etiqueta de negativo, se declara un optimista, ya que, como aseguró, cree que hay esperanza en el cambio. De hecho, en la novela se observan «personajes que salen adelante, que hacen cosas por los demás, que están a gusto dentro de las circunstancias que ellos mismos se han creado”.
Un día de fiebre comparte con su libro Dice la sangre, la coralidad, si bien el autor las distingue con claridad: “La anterior novela tiene estructura de mosaico”. Es decir, piezas separadas que el lector tiene que unir. Aquí, en cambio, es como un tejido: hilos que se imbrican unos con otros. “Si tiras de un hilo por aquí, se te encoge el tapiz por allá”, ha explicado. La mirada, añade, es «bastante parecida»: «Crítica y me gusta pensar que también compasiva. Soy el más imperfecto del mundo. Si no fuera compasivo con esos personajes, me estaría tirando piedras a mí mismo».
Su presencia en su ciudad natal tiene para Abella un valor añadido. «Me gusta mucho venir a Valladolid», confesó. «Nací aquí, aquí me formé como escritor. Yo creo que todo lo importante de verdad nos pasa en la infancia, y la mía la pasé en Valladolid.
Autores vallisoletanos
Además de con Abella, la Feria del Libro refuerza el protagonismo de los autores vallisoletanos en esta 59ª edición, que hasta el 7 de junio reúne en la Plaza Mayor y el Círculo de Recreo a autores, editores, libreros y lectores, como Gustavo Martín Garzo, César Pérez Gellida, Manuel Trillo, Miguel Ángel Soria, Luis Ángel Lobato, José María Nieto, Ignacio Martín Verona, Gustavo González Gallego, Ana Velasco Molpeceres, Elvira Mínguez y Elisa Martín Ortega.