Feria del Libro de Valladolid > Noticia Principal > Marcos Giralt Torrente: «En ‘Los ilusionistas’, lo importante no es mi abuelo materno, sino la familia»
Toda familia se construye a partir de relatos, silencios y versiones de un mismo pasado. En Los ilusionistas, Marcos Giralt Torrente hace una “autopsia” de la memoria de su familia y la convierte en una exploración literaria donde las fotografías, las cartas, las omisiones y los silencios pesan tanto como los propios recuerdos. Así quedó patente este lunes en la 59ª Feria del Libro de Valladolid durante la presentación de la última novela del escritor madrileño, ganador del XV Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2025.
El encuentro ante los lectores, moderado por Pablo R. Lago, director de El Mundo de Castilla y León y del Diario de Valladolid, permitió acercarse a un libro íntimo que reconstruye la historia de la rama materna del autor -encabezada por Gonzalo Torrente Ballester, Josefina Malvido y sus cuatro hijos (los cuatro ilusionistas)-, pero que rehúye deliberadamente del retrato biográfico de su abuelo, el célebre escritor gallego, para centrarse en las grietas emocionales, las relaciones familiares y las vidas que permanecieron durante años en segundo plano.
“Lo importante en la novela no es mi abuelo, sino la familia”, ha defendido Giralt Torrente, quien añadió que “este libro se habría escrito exactamente igual” si su abuelo “hubiese sido carnicero, financiero o viajante de comercio”. «Por desgracia, tengo que acarrear con la relevancia pública de mi abuelo y es un peso muerto”, lamentó, mientras manifestó que eso le llevó a utilizar iniciales para muchos de los personajes reales del relato. “Quería evitar que el apellido eclipsara el verdadero centro emocional de la novela”.
Uno de los grandes ejes emocionales del libro son las mujeres de la familia: la madre, las tías, las figuras que sostienen afectos y silencios. Giralt Torrente detiene especialmente la mirada en ellas, en sus gestos cotidianos, en su manera de vestir, en los pequeños detalles que revelan una personalidad o una forma de estar en el mundo. Y fue su madre, según afirmó, sobre la que “más le costó escribir”.
Lejos de construir una memoria complaciente, Los ilusionistas funciona como una indagación en las contradicciones familiares, en las heridas que atraviesan generaciones y en la mezcla inevitable de amor, admiración, resentimiento y ternura que existe dentro de cualquier núcleo familiar. “La literatura tiene que ser una investigación de la condición humana, con sus luces y sus sombras”, sostuvo el escritor.
Familia de narradores orales
Giralt Torrente reconoció que no encontró en esa investigación sobre su familia ningún pasaje que estuviera oculto o ocultado, entre otras razones, tal y como explicó, porque procede de “una familia de narradores orales”, donde la identidad familiar siempre se transmitió a través de historias.
Señaló que gran parte del material emocional de Los ilusionistas lo conocía desde niño y que las cartas familiares incluidas en el libro no le descubrieron grandes secretos ocultos, sino que le permitieron confirmar muchas historias escuchadas durante años. “Constaté más que descubrí”, resumió.
El autor reflexionó también sobre cómo vivió de niño crecer rodeado de artistas y escritores. Señaló que entonces no era plenamente consciente de la “singularidad y rareza” de aquel entorno porque para él formaba parte de la normalidad cotidiana. “Cuando eres niño no quieres que tu vida sea muy distinta a la de los demás y a mí me incomodaba ver cierta diferencia en mis padres, en su forma de vestir o de vivir”.
Giralt Torrente remarcó durante el encuentro que la familia ha sido siempre el territorio natural desde el que explorar literariamente el mundo. “La familia es un ámbito donde suceden las pasiones y las adversidades de una manera muy concentrada”, precisó. De hecho, reconoció que, sin haberlo planeado de forma consciente, gran parte de su obra -sea ficción o materiales más autobiográficos- termina desarrollándose dentro de ese espacio íntimo donde se cruzan afectos, conflictos y relatos heredados.
Otro de los momentos centrales de la conversación llegó al hablar de la relación entre memoria e imaginación. Giralt Torrente rechazó la idea de que la escritura autobiográfica sea menos literaria que la ficción. “La imaginación no es invención”, defendió. Para el escritor, incluso cuando se trabaja con hechos reales, la literatura exige construir atmósferas, seleccionar escenas y levantar una representación narrativa de la vida. “No escribí este libro porque me faltaran ideas, sino porque estas historias tenían materia novelística”, afirmó.