Feria del Libro de Valladolid > Noticia Principal > Abella y Villar Flor debaten sobre cuánto necesita mentir una novela para contar la verdad
La segunda gran cita del sábado fue la mesa redonda “Realidad y ficción”, protagonizada por Rubén Abella y Carlos Villar Flor, con la moderación del también escritor y director de las Ferias del Libro de Medina del Campo y de Portillo, José Ignacio García, quien planteó la pregunta: qué hay de verdad en una novela y cuánto necesita mentir la ficción para contar algo verdadero.
Sobre el papel, Abella y Villar Flor podrían parecer dos escritores reflejados en un mismo espejo. Comparten universidad -la de La Rioja-, comparten disciplina -la Filología Inglesa- y comparten una sólida formación lectora en la gran narrativa anglosajona del siglo XX. Pero su manera de entender la novela los sitúa en lados exactamente opuestos del cristal. Y ahí estuvo la chispa de este encuentro propiciado por la 59ª edición de la Feria de Valladolid.
Para Abella (Valladolid, 1967) -Premio Torrente Ballester, Premio Mario Vargas Llosa NH, finalista del Premio Nadal y Premio de la Crítica de Castilla y León 2024- la novela es un acto de mentira: “Todo lo que escribo se inspira en la realidad, pero todo lo que escribo es un artefacto de ficción. Cojo la realidad, la meto en una coctelera y sale una novela”, ha explicado el autor de Un día sin fiebre.
Frente a ese ‘espejo’ se sentó alguien que recorre el camino exactamente al revés. Villar Flor (Santander, 1966) es uno de los grandes especialistas españoles en la obra de Graham Greene. Durante años ha rastreado las estancias del autor británico en la Península Ibérica: rutas, hoteles, encuentros, sombras. Y, llegado un punto, ha hecho algo que pertenece a los novelistas y no a los académicos: ha convertido ese material verificado en ficción. El resultado es Tras las huellas de Greene (2026), su última novela, distinguida con el Premio al Autor Revelación del festival Aragón Negro.
Se trata de un thriller literario, que comenzó a escribió como “terapia” durante el confinamiento, como él mismo ha señalado, y donde lo menos importante es “quién ha matado al ladrón del diario de Greene”. Eso es, para el escritor, “un pretexto para los que personajes, algunos recuperados de otras de sus novelas, “hablen entre sí”. “Mis protagonistas son quijotes y sanchos, cultos e incultos, de derechas o de izquierdas, pero todos aprenden a respetarse”, ha apostillado.
Lugar para el verso
La jornada prosiguió en el Círculo de Recreo con la presentación de Los versos de mi amiga, de Esperanza Ortega, a cargo de la escritora y crítica Yolanda Izard. La poeta palentina regresa con este libro a la poesía reunida en volumen después de décadas sin publicar un poemario completo, aunque, como ella misma ha subrayado durante el acto, nunca ha dejado de escribir.
“Me he sentido libre. Nunca me había sentido tan libre”, ha confesado la autora sobre un libro marcado por la madurez y por una escritura serena, transparente y depurada. En sus páginas, la experiencia y el paso del tiempo se transforman en una voz capaz de detenerse con delicadeza en el asombro de la belleza cotidiana, en la nostalgia de la memoria familiar y en una mirada profundamente humana hacia el dolor ajeno.
Concebido como un libro circular que se abre y se cierra alrededor del propio acto de escribir un poema, Los versos de mi amiga recorre algunos de los grandes temas de la autora: el proceso de la escritura, el paso del tiempo, el fulgor de lo cotidiano y una presencia serena de la muerte que, lejos de oscurecer el libro, termina empujándolo hacia una atención más intensa y luminosa sobre la vida.
Durante toda la jornada se siguieron sucediendo las firmas de ejemplares en la Plaza Mayor. En este caso de Fernando Franco Jubete, Fermín Herrero, Gonzalo Martín de Marcos, Antonio Martínez Llamas, Juan Carlos Chirinos, Raquel Díaz Reguera, Marisol Donis, Esperanza Ortega, Rubén Abella, Carlos Villar Flor y José Ignacio García.