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Ángelo Néstore: «No se debe odiar a una madre, como tampoco se debe odiar a una lengua materna»

“No se debe odiar a una madre”. Con esa frase arranca Leche cruda, la primera novela que Ángelo Néstore, poeta y artista no binaria, que ha presentado este lunes en la 59ª Feria del Libro de Valladolid. Y también con esa frase comienza una historia que se adentra en uno de los grandes tabúes emocionales: qué ocurre cuando el vínculo de origen -la madre, la lengua materna, el lugar del que venimos- deja de sentirse como refugio.

La presentación de la novela, celebrada en el Círculo de Recreo, corrió a cargo del poeta y editor leonés Juan Álvarez Iglesias, director de la colección Horizontes de Eolas Ediciones, quien explicó que Leche cruda cuenta la historia de Mia, una joven que regresa a Lecce, en el sur de Italia, para cuidar de una madre con demencia que ya no habla: solo canta. La irrupción de Cavalli, una gata que altera la relación entre ambas, indaga sobre la posibilidad de amar cuando el lenguaje compartido se rompe.

A partir de ese triángulo -Mia, la madre y la gata-, la novela se pregunta qué vínculos sobreviven cuando ya no existe una lengua común para sostenerlos. “Muchas veces intentamos que el otro se comunique desde nuestros códigos, pero pocas veces nos abrimos a los códigos del otro”, afirmó Néstore, para quien la literatura puede convertirse precisamente en ese “puente” desde el que reconstruir la posibilidad del afecto.

La gata ocupa, de hecho, un lugar central dentro de la obra. Para Néstore, Cavalli representa “lo extraño, lo extranjero”. Un animal obliga a relacionarse desde la empatía y desde el reconocimiento de aquello que no comprendemos del todo. “Me interesaba pensar si es posible amar fuera de un lenguaje común”, señaló.

Durante la presentación, afirmó que una de las semillas emocionales del libro nace de la sensación de extranjería que siente: sentirse fuera de la lengua materna, pero también fuera del cuerpo asignado, fuera de la casa familiar y, al mismo tiempo, intentar construir desde ahí una forma posible de pertenencia.

Reconoció su relación conflictiva con el italiano, su lengua materna. “Es una lengua que siento que se está disipando dentro de mí porque vivo, trabajo y escribo en español”, confesó. «Quería ponerme frente al espejo de una lengua que he llegado a odiar. Igual que no se debe odiar a una madre, no se debe odiar a una lengua materna. Pero yo sí la he odiado, por todo lo que implicaba para mí no poder construirme políticamente en la Italia de Berlusconi, construir mi identidad, algo que sí me ha permitido el español».

Juego fonético
El título de la novela concentra buena parte de sus significados de la novela. Leche cruda juega fonéticamente con Lecce, la ciudad natal del autor, pero remite también al vínculo materno-filial, al alimento primordial y a lo animal. “La leche es algo que pasa de un cuerpo a otro cuerpo sin pasar por el mundo”, reflexionó Néstore, que aseguró sentirse cómodo en esos “espacios grises” y de tránsito entre lenguas, identidades y culturas.

“Cuando el lector abra el libro se va a encontrar con un tabú, que es el odio a la madre, pero me gustaría que lo cerrara con la posibilidad de encontrar el amor en los lugares donde se ha construido este odio”, defendió el autor, quien sostuvo que “la comunicación, al cabo, es un acto de comunión”.

Tras cuatro poemarios y años explorando la escritura desde la poesía, la performance, la música o la edición, Néstore defendió que su novela no plantea una ruptura con la poesía. Según manifestó, sigue naciendo de un “pensamiento poético” que atraviesa toda su escritura. “El lector se va a encontrar música, cuentos, diarios, imágenes… Hay una forma muy juguetona de pensar la escritura y eso se lo debo a la poesía”, concluyó.